
Las noches de cine de Elegidos en San Lorenzo nos han dado mucho sobre lo que reflexionar. Uno de los mensajes principales de los episodios 5 y 6 de la quinta temporada trata de las expectativas de los distintos pueblos respecto a Jesús. Más exactamente, me refiero a sus imágenes preconcebidas del Mesías y cómo éstas se alineaban o no con el hombre que conocían llamado Jesús. A lo largo de sus tres años de ministerio, los Apóstoles y otros discípulos fueron testigos de signos y prodigios asombrosos que ningún otro hombre había sido capaz de producir. Aquellos acontecimientos espectaculares reclamaron simultáneamente la lealtad de los apóstoles y la ira de los dirigentes judíos.
Los fariseos y saduceos se habían acomodado esperando al Mesías y no parecían estar abiertos a la idea de que viniera realmente. Sus corazones se negaban a aceptar lo que veían sus ojos. Sin embargo, el judío medio y trabajador podía aceptar el mensaje de Jesús; sufría la opresión romana y mantenía la esperanza en la promesa divina de un salvador. Estaban contentos de reclamar a Jesús como el Mesías largamente esperado.
Sin embargo, su mundo se tambaleó cuando Jesús empezó a hablar de ser llevado y crucificado. Ese escenario no encajaba en su guión. ¿Cómo podía ser Jesús el Mesías si permitía que los dirigentes judíos y romanos lo mataran? Querían creer que se trataba de un lenguaje metafórico. Así que siguieron insistiendo en que no era cierto y discutieron entre ellos sobre lo que Jesús realmente quería decir.
El sentido de todo esto es preguntarnos: ¿Qué espero de Jesús? ¿Me he formado algunas nociones que no se ajustan a lo que Jesús afirma en realidad? ¿Considero sus leyes y bienaventuranzas como recomendaciones más que como mandamientos? ¿Le veo como un hombre cariñoso y no tengo en cuenta su lado de poder y justicia? ¿Le veo como un hacedor de milagros con el que sólo necesito hablar cuando estoy desesperado? Y si mis oraciones no son respondidas como pedí, ¿le creo impotente y despreocupado? Las expectativas que tenemos de una persona influyen en nuestra relación con ella. Eso puede ser aún más evidente en nuestra relación con la persona de Jesús. Tengamos cuidado de no crear a Jesús a nuestra imagen y semejanza, y de no redactar nuestro propio guión. Los apóstoles se metieron en problemas de esa manera y nosotros también lo haremos. En lugar de eso, escuchemos y creamos que Jesús dice lo que quiere decir y quiere decir lo que dice.
Escritura: Lee Marcos 9:31-32. ¿Qué destaca?
Llamamiento a la acción: La mejor manera de evitar expectativas erróneas sobre Jesús es leer su Palabra y meditar en ella. Intenta leer unos versículos de uno de los Evangelios cada día.



