
El Padre Joaquín recientemente me abrió los ojos a una verdad importante acerca de La Gracia. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 1999, afirma que “La Gracia es un favor, es el auxilio gratuito e inmerecido que Dios nos da para responder a su llamado a ser hijos de Dios” Existen diversas forma en que la Iglesia habla sobre la gracia, pero lo que el Padre me hizo ver fue la importancia de reconocer y cooperar con las gracias particulares mediante las cuales el Espíritu Santo nos impulsa a actuar. Esto se asemeja a lo que los evangelistas denominan *Kairos*: un momento decisivo y oportuno dentro de los *chronos*, tiempo ordinario en el que la acción o la invitación de Dios se hace perceptible. (Marcos 1:15; Lucas 19:44; John 1:14-18)
Vivimos cada día en *chronos*: el tiempo cronológico ordinario. Nos despertamos, vamos al trabajo, asistimos a clases, cuidamos de nuestras familias, hacemos las compras, rezamos, comemos, nos vamos a dormir y así sucesivamente repetimos el ciclo. Pero dentro de este flujo ordinario del tiempo, puede haber momentos que de repente adquieren un significado más profundo. Sucede algo, o algo se agita en nuestro interior y percibimos que ese momento en particular nos exige algo. Es aquì donde el *kairos* cobra importancia.
Como feligreses de San Lorenzo y Sagrado Corazón, donde nos concentramos en formar discípulos y llevar a otras personas a una relación personal con Jesús, debemos estar conscientes de que Dios desea ardientemente concedernos esta gracia. He escuchado a muchas personas, el no sentirse cómodas hablando de su fe católica con los demás . A menudo temen las críticas o que les hagan preguntas que no sabrían cómo responder. Tal vez hayan sentido el impulso de llamar a la puerta de algún vecino quien hubiera sufrido una pérdida e invitarlo a nuestro programa de duelo y consuelo, pero luego esa idea desaparece. Quizá se sienta inspirado a invitar a su hijo adulto y a su esposa a convalidar su matrimonio en la Iglesia Católica, pero guarda silencio.
Cuando confiamos en Dios y damos el paso aparentemente arriesgado y hacia lo desconocido, de responder a invitaciones, no solo nos llenaremos de la gracia necesaria para saber afrontarlas, sino que también recibiremos la alegría y la paz de saber que hemos marcado la diferencia, sino que también seremos bendecidos con otras gracias que ni siquiera podemos imaginar o desear en este momento.
Sagradas Escrituras: Leer Corintios 1:6-8. ¿Qué tllama tu atención?
Llamado a la acción: Mantente abierto a los impulsos interiores del Espíritu Santo y responde con confianza a sus invitaciones y aventuras.



