
Lo leemos en los Evangelios, pero la serie Los elegidos revela con eficacia cómo los discípulos no tenían ni idea de lo que les esperaba y de lo que Jesús quería que hicieran. Las parábolas y lecciones simbólicas de Jesús les dejaban rascándose proverbialmente la cabeza y mirándose unos a otros en busca de claridad. Incluso después de la Resurrección y de los cuarenta días de instrucción no registrada de Jesús, cuando se reunieron en la montaña para la Ascensión de Jesús, Mateo nos dice: "Cuando le vieron, le adoraron, pero dudaron."
Nosotros somos iguales; adoramos, pero dudamos, aunque en muchos aspectos tengamos ventaja sobre los primeros discípulos. Su interacción humana de tú a tú con Jesús parece muy atractiva, pero tenemos dos mil años de teólogos y santos -como los quarterbacks de los lunes por la mañana- explicando los mensajes de Jesús con mayor claridad que Jesús mismo. Puede ayudarnos a aprender de los errores de los apóstoles y a no repetirlos.
A pesar de no tener ni idea de su futuro, los discípulos confiaron y permanecieron atentos día tras día a la Palabra de Jesús y a los empujones del Espíritu Santo. Tomás no tenía ni idea, cuando puso el dedo en el costado de Jesús, de que viajaría a la India y se le atribuiría la evangelización de aquella gran nación. En el huerto de Getsemaní, Santiago no tenía ni idea de que acabaría en España y sería la inspiración para que millones de peregrinos siguieran sus pasos. Cuando Pedro fue rebautizado como Simón, no podía imaginar lo que significaría ser el líder de aquel ministerio incipiente en el día a día, ni que conduciría a su propia crucifixión y a que sus huesos se conservaran perpetuamente bajo una enorme basílica en Roma, ¡un lugar que él sabía que era la capital de una potencia mundial pagana! No sabemos hoy lo que Dios nos llamará a hacer mañana, el mes que viene o el año que viene.
Permanecer fieles y tomar un día a la vez fue clave para que aquellos primeros cristianos discernieran y cumplieran la llamada de Dios. También lo es para nosotros. Dios tampoco esboza claramente su plan para nosotros. Como los discípulos, debemos permanecer alerta. Puede que no tengamos ni idea, pero Dios es un experto en dar pistas.
Escritura: Lee Mateo 28: 16-17. ¿Qué destaca?
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