
¿Alguna vez ha esperado en una larga fila estando en un aeropuerto, o en un parque de atracciones, observando a su alrededor con asombro ante el hecho de que cada persona luce diferente? Mayormente todos poseen los mismos componentes en la parte superior de su cuerpo; dos ojos, una nariz con sus dos orificios nasales, dos orejas, una boca, barbilla, frente, y mejías, sin embargo, las sutiles diferencias entre estos rasgos crean un sin fin de combinaciones de rostros humanos, asegurándonos que el nuestro es verdaderamente único.
Para quienes nos dedicamos a dibujar retratos, esta verdad se hace evidente muy rápidamente. Podemos trabajar en un rostro durante horas, ajustando con precisión la forma de la cabeza y mandíbula, el ángulo de la nariz y la inclinación de la ceja. Al observar fijamente cada rasgo, este puede parecer perfecto; sin embargo, al retirarnos un poco y contemplar el rostro en su conjunto, algo no está bien: no se parece al modelo. Puede tratarse de un detalle ínfimo: una línea de expresión junto al ojo izquierdo o una leve elevación en el lado derecho de la boca. Basta con realizar ese sutil cambio para que la persona cobre vida y emerja de la página.
A los artistas les gusta dibujar y pintar viendo modelos en vivo, ya que las fotografías solo registran un instante de la persona y rara vez captura su alma. Puede que los modelos en vivo se muevan o parpadeen, pero es precisamente en esas acciones donde se revela su humanidad. Pensemos en algunas fotos de nosotros mismos: algunas parecen asemejarse a nosotros, mientras que en otras, en realidad, no.
Dios Padre es el escultor supremo. Somos obra de sus manos y hemos sido hechos de manera asombrosamente maravillosa. La curva de nuestra mandíbula, las líneas de nuestro cabello y la forma de nuestra nariz fueron elegidas con detenimiento y esmero de manera única para cada uno de nosotros. No fuimos diseñados para ser
modelos estáticos, atrapados por cámaras de alta definición en un instante perfecto. Seamos agradecidos por nuestros propios rasgos singulares y sonriamos, sabiendo que fuimos creados a imagen de Dios.
Sagradas Escrituras: Leer Isaías 64:7. ¿Qué sobresale?
Llamado a la Acción: Agradecer al Señor por el don de tu fisonomía,única.




