
Si Ud es como yo, puede que le resulte difícil mantener la concentración al orar. En actitud de Oración, siempre empiezo con toda mi buena intención , apagando el ruido exterior lo mejor que puedo centrando mi mente y mi corazón en la conversación que quiero tener con Dios. Regularmente suelo empezar bien y creo que mi corazón se mantiene en el lugar correcto, aunque mi mente a menudo divaga. Por eso, un artículo del Beato Humberto que leí recientemente: Romanos (c.1200-1277) en el devocional mensual del Magnificat, me ha ayudado a sentirme mejor con respecto a lo que podría considerar como mi inhabilidad para orar. Considerando que vivió hace ochocientos años, nos reconforta saber que no es solo un problema de nuestros tiempos.
Cito a San Isidoro quien dijo "La Oración sale del corazón, no de los labios". Y continuó escribiendo: "Porque Dios no atiende sólo a las palabras de quien las suplica, sino que mira más bien el corazón de quien ora, de manera que quien no pone su corazón en la oración, le quita a ésta, la mejor parte.
San Isidoro continúa aconsejando sobre esos momentos en que nuestros corazones se desorientan "debe saberse que incluso cuando, por debilidad humana, alguien no puede tener su corazón firmemente en sus Oraciones, no por eso debe cansarse de orar. Aunque un pobre hombre no esté clamando constantemente, conmueve al dueño de la casa a tener piedad de él simplemente con su súplica corporal mientras está sentado a la puerta todo el día. Si hubo una intención meritoria al comienzo de la Oración, todo el trabajo que sigue es meritorio por igual, aunque uno no esté pensando en ello"
El ser demasiado críticos con lo que pudiéramos considerar como defectos en la Oración puede desanimarnos a Orar, mientras que parece lógico que un Dios que nos dió una mente curiosa comprenda nuestra debilidad al seguirla. A veces incluso puede estar guiando nuestra Oración en una dirección que no pretendíamos, y a un lugar que jamás hubiéramos imaginado.
Escrituras : Leer Romanos 8:26. ¿Qué sobresale?
Llamado a la acción: En lugar de enfocarte en tu propia agenda de Oraciones rutinarias, permite que tu tiempo de Oración sea guiado, como dice San Pablo, por la intersección del Espíritu Santo y sus "gemidos inefables".




