
Mi nieta ya puede correr. A sus diecisiete meses, es curioso observar que cuando corre es simplemente por el placer de correr, sin la intención de llegar a algún sitio.
El fin de semana pasado hice un viaje por carretera con Maxine y sus padres, e hicimos una corta parada para descansar . Al sacarla de su silla dentro del carro, sus piernitas ya pedaleaban antes de tocar el suelo. Mientras sus padres entraban, acompañé a Maxine mientras corría. Corrió desde la entrada del edificio, sin mirar atrás, y aunque la acera seguía recta, giró bruscamente a la derecha y bajó a toda velocidad por el lado izquierdo del edificio de bloques de cemento. Tenía una acera pequeña perfecta para correr, pero no la llevaría a ninguna parte. No había nada atractivo al final. Ni un solo arbusto con flores, nadie paseando a su perro, ni piedras ni nada que pudiera haberle llamado la atención. Parecía que no le importaba ; su objetivo era correr. De repente se detuvo, girando nuevamente y salió corriendo a toda velocidad en otra dirección aparentemente sin sentido.
Estaba pensando en cómo esa escena podría representar la analogía de cómo muchas personas eligen vivir sus vidas. De igual manera, esas personas corren sin un objetivo final en su mente. Sus pies siguen moviéndose , como en una caminadora en lugar de un camino con un destino que valga la pena, sin un premio substancial en mente. Como cristianos, se nos enseña que debemos ser intencionales en los caminos que elegimos, manteniendo el cielo como nuestra meta al final del camino. Eso requiere mantener la cabeza en alto y la vista alerta mientras corremos. Alertas a las artimañas y trampas del maligno y dispuestos humildemente a aceptar y participar de los recursos que la Iglesia nos ofrece. Seguir creciendo en nuestra fe como adultos a través de la buena lectura, la asistencia a clases de formación en la fe, la asistencia regular a Misa, así como la Confesión , nos sirve de ayuda a mantenernos en el camino correcto.
Todos fuimos jóvenes corredores alguna vez como Maxine. Explorar sin un plan es una parte importante del aprendizaje, solo por un tiempo. Pero llega el momento en que como dice San Pablo, necesitamos "dejar atrás las cosas de niño". Es una lástima desperdiciar la vida yendo por el camino equivocado.
Lectura: Leer Corintios 13:11. ¿Qué sobresale?
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