
Juan el Evangelista, nos cuenta cuando Jesús pasó cerca de un hombre ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaron quién había pecado, Jesús les respondió: “Ni él ni sus padres pecaron, es para que se haga visible la obra de Dios a través de él.”
Si pensamos en ello, podemos reconocer que Dios continúa usando nuestras incapacidades, debilidades y malformaciones para revelar su gloria. No vemos acaso la personalidad alegre de las personas con Síndrome de Down y apreciamos su alegría contagiosa? Han notado que un diagnóstico de cáncer, algunas veces, revela el poder físico, emocional y de curación espiritual de Dios y conduce al paciente y a sus seres queridos más cerca de su corazón? Los huesos rotos nos pueden forzar a depender de otros, dando a los amigos y familiares la oportunidad de servir y, a nosotros la excusa para practicar la humildad. Aún la muerte, la debilidad máxima, puede reunir familiares y obligar a las personas a enfrentar la verdad de Dios y la vida eterna.
Lo que quizá más puedo disfrutar acerca del hombre que era ciego, es la manera valiente con que él respondió a los cuestionamientos posteriores. El dió testimonio de su historia con total honestidad, sin inmutarse ante los intentos de los Fariseos de tenderle una trampa. Él defendió a Jesús y lo reconoció como profeta, aún sabiendo que esto podría hacer que lo expulsaran del Templo.
En comparación con la historia de Juan acerca de Jesús y el hombre paralítico por 38 años, vemos una respuesta muy diferente después de su curación. Reprendido por los líderes Judíos por estar cargando su camilla en el día sabático, él trató de desviar la culpa sobre Jesús. A pesar de la transformación que Jesús hizo en la vida de este hombre, él no quería que nadie lo llamara discípulo. Por lo tanto, más tarde cuando el hombre vió a Jesús de nuevo y aprendió su nombre, fue y habló con los líderes. A partir de ahí, los Judíos comenzaron a perseguir a Jesús.
Reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas, puede requerir de valentía. Jesús te ha estado curando desde que eras un niño(a). ¿Lo has reconocido? ¿Le has dado a Dios el crédito o te has avergonzado de alabar a Dios ante los demás? Reclamemos nuestro título de Discípulo y hablemos con valentía sobre lo que Jesús está haciendo en nuestras vidas.
Escrituras: Esta semana, leer Juan 5:6-16. ¿Qué te está diciendo a tí?
Llamado a la Acción: Me gustaría escuchar tu historia acerca de Dios trabajando en tu vida. Envíame un correo electrónico a slotlynda@gmail.com.




