Usemos un poco la imaginación: Imaginemos que cada uno de nosotros es una pieza de un rompecabezas que pertenece a un gigantesco rompecabezas, digamos que este rompecabezas es del tamaño de la galaxia y que cada ser humano que alguna vez fue concebido es una pieza de ese rompecabeza. Esto incluye todos los abortos espontáneos o provocados, asi como los bebés que nacieron muertos. Al igual que las piezas de un rompecabezas tradicional, todos tenemos piezas que se entrelazan conectando las demás piezas del rompecabezas.
La estrategia básica para armar un rompecabezas consiste en volcar todas las piezas sobre una mesa grande, colocándolas todas boca arriba, separando las que tienen bordes rectos, localizar las de las cuatro esquinas, y agrupar las piezas por color y diseño. Las cuatro piezas de las esquinas vienen a ser los cuatro pilares de nuestra Iglesia Católica. Dios colocó esas piezas en su sitio para mantener la estabilidad del marco. Podríamos decir que las piezas con los bordes representan los Santos; ellos nos enseñan los límites y ayudan a mantener el resto de las piezas juntas.
La mayoría de nosotros avanzamos a tientas durante gran parte de nuestra vida tratando de encontrar nuestro lugar dentro del rompecabezas. Pasamos por alto nuestro propio color y diseño, y nos enredamos con piezas incompatibles que nunca llegan realmente a encajar, por mucho que deseamos que así sea. A veces terminamos por alejarnos de las piezas con las que realmente encajamos, cuando un simple giro de noventa grados podría permitirnos por fin conectar a la perfección.
Así mismo están las piezas que no quieren formar parte del rompecabezas de Dios en lo absoluto. Existe un espacio que sólo ellas pueden llenar, donde se sentirán protegidas y plenas; pero rechazan el plan divino e intentan unirse a otro rompecabezas o crear los suyos propios. Su ausencia deja huecos; las piezas vecinas no pueden conectarse plenamente, y sus propias manifestaciones engañosas jamás podrán igualar la belleza de la obra maestra de Dios.
No es algo tan desconcertante como parece. San Pablo nos dice:”Dónde está el espíritu del señor, allí hay libertad” Somos libres para elegir: libres para integrarnos en el diseño divino de Dios, abrazado por los pilares y los Santos, o para pasar la vida tratando de encajar a la fuerza en espacios que nunca encajaremos.
Sagradas Escrituras: Leer Corintios 3:17. ¿Qué sobresale y llama tu atención?
Llamado a la acción: ¿Has encontrado tu lugar en el rompecabezas de Dios? ¿Estás ayudando a otros a conectarse también?



