El poliamor es adulterio.
En los últimos años se ha observado una tendencia de artículos en los medios masivos sobre el “poliamor”, que significa “muchos amores” pero que es, en realidad, un sinónimo de una vieja palabra con connotación negativa: adulterio.
La sociedad (así como la fe cristiana) ha considerado durante miles de años al matrimonio como una unión permanente (“hasta que la muerte los separe”) y una unión fiel y exclusiva (“renunciando a todos los demás”) que está abierta al don de los hijos. El divorcio se ha vuelto cada vez más aceptado, y ahora hay un impulso para aceptar los “matrimonios abiertos”, donde los cónyuges pueden tener múltiples parejas afectivas y/o sexuales sin dejar de estar casados. Se hacen esfuerzos para mostrar cómo esto puede funcionar, cómo es más saludable para los matrimonios, etcétera. Se dice que otras parejas pueden satisfacer algunas de las necesidades del cónyuge que el propio cónyuge no puede.
Es simplemente adulterio con un nombre nuevo y elegante. No “funciona”, ya que pocas de esas uniones son duraderas. Los actos de equilibrio necesarios para mantenerlo en marcha eventualmente colapsan. Cuando hay niños involucrados, la infidelidad los lastima y pierden el respeto por sus padres. Aprenden que los matrimonios de adultos son en realidad solo arreglos egoístas donde el único amor es el amor propio.
Qué futuro tan triste tendremos si esto se convierte en la norma en nuestra sociedad. Nuestra fe y nuestro buen sentido común nos enseñan que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en una unión exclusiva para toda la vida y abierta a los hijos. Dios sabía lo que hacía cuando nos creó.



