
El mes pasado, en mi reciente viaje Enders Island, mientras tomaba una clase de pintura en colores pastel conocí a una compañera, ahora retirada, quien había trabajado para el Servicio Secreto. Su trabajo la llevó por todo el mundo y aprovechó su destreza con la acuarela para plasmar hermosas escenas de sus viajes. Su trabajo también le proporcionó un excelente material para contar historias.
Hemos aprendido que el Servicio Secreto de Estados Unidos no solo protege a líderes políticos y a sus familias, sino que también salvaguarda la infraestructura financiera de nuestra nación. Entre otras cosas investiga la falsificación de moneda, así como el fraude con tarjetas de crédito, bancario e informático, además de los delitos cibernéticos. Ella compartió una historia sobre un delincuente al que habían estado investigando. Llegó el momento de detenerlo, contando con la ayuda de la policía estatal. Los agentes lo seguían en sus vehículos cuando dos policías interceptaron al sospechoso; en lo que debía haber sido “una simple y rutinaria parada de tránsito”, el sospechoso se dió a la fuga generando una persecución a alta velocidad. Finalmente el sospechoso se salió de la carretera, y saliendo de su auto se echó a correr en una dirección, mientras que su cómplice corría en sentido contrario. La persecución terminó con todos: buenos y malos jadeando por falta de aliento incluyendo al perro policía que era parte de la patrulla estatal. El delincuente fue condenado y pasó muchos años en prisión.
Podemos sentirnos satisfechos que ganaron los buenos y que se hizo justicia. Si por el contrario, la historia hubiera terminado ahí, es probable que mi nueva amiga no se hubiera molestado en contarla. Lo más alentador es el epílogo. Ambos ya retirados, ella y su esposo, antiguo agente del orden, vivían en la costa este cuando necesitaron hacer una reparación en su vivienda y contrataron a un hombre por recomendación. Trás terminar el trabajo con gran destreza, mi amiga le comentó a su esposo: “ Esa cara me parece conocida”. Lo reconoció como el delincuente al que habían detenido años atrás. Desde entonces lo han contratado varias veces; claro está que él, no los había reconocido a ellos. Logró cambiar el rumbo de su vida y se muestra claramente agradecido por las segundas oportunidades y por la posibilidad de poner sus habilidades al servicio de la sociedad.
Con mucha frecuencia escuchamos historias de reclusos que nunca lograron rehabilitarse con éxito. Sin embargo, también existen muchas historias de éxito. Debemos orar por aquellos que han tomado el camino equivocado. Dios conoce su potencial y les ha otorgado maravillosos dones y talentos que solo ellos pueden desarrollar al alcanzar su Reino.
Sagradas escrituras: Leer Isaías 61:1 y Hebreos 13:3. ¿Que llama su atención?
Llamado a la acción: Oramos por las almas que están siendo purificadas en el Purgatorio.
Oremos también por la conversión de nuestros hermanos que se encuentran en prisiones
terrenales.




