
La mayoría de nosotros crecimos aprendiendo a rezar a los ángeles y a los Santos para pedir por su intersección, guía y compañía. También rezamos a aquellos hombres y mujeres santos que hemos conocido a lo largo de nuestra vida y que aunque no han sido canonizados, parecen dignos de estar ya en el Cielo: padres, abuelos, otros familiares y amigos.
Pienso en la vida después de la muerte, y en el reencuentro con mi esposo, mis padres, y todos los seres queridos que partieron antes que yo; sin embargo, últimamente tras décadas de rezar a determinados ángeles y santos, he reflexionado sobre cómo he ido forjando también fuertes amistades con muchos de ellos. Me han acompañado tanto en las buenas como en las no tan buenas, que pudiera pensar que algunos me conozcan mejor de lo que me conozco a mi misma.
De manera que he empezado a imaginarme todos los encuentros y reuniones que nos esperarían en el Cielo. No creo que nos limitemos a pasar el tiempo con la misma familia y los mismos amigos de la tierra; creo que tendremos una oportunidad maravillosa de conocer más íntimamente a nuestros benefactores espirituales.
Imagina estar sentada a los pies de Santa Ana, escuchando sus relatos sobre la infancia de nuestra Santísima Madre y poder experimentar el mismo amor de abuela que ella sentía por Jesús. ¡O tal vez quiera llevarnos a escalar montañas!
¡Imagina mantener largas conversaciones intelectuales con Santo Tomás de Aquino y poder asimilar lo que explica! Y qué tal si él nos pidiera que le enseñáramos algo!
Hacer senderismo con Abraham, nadar con María Magdalena, un recorrido por las galaxias con el arcángel Rafael, montar a caballo con el Padre Pio, tomar el té con Dorothy Day….
San Pablo nos dice: “Lo que el ojo no vió, ni el oído oyó, ni el corazón humano pudo imaginar, eso es lo que Dios ha preparado a quienes le aman”. Mi imaginación es todavía limitada, pero pensamientos como estos; la posibilidad de reencontrarnos con viejos amigos puede que nos haga más fácil despedirnos de esta vida terrenal. Cultivemos ahora nuestras Santas Amistades para tener con quien sentarse en el Banquete Celestial.
Sagradas Escrituras: Leer 1 Corintios 2:9 ¿Qué llama tu atención?
Llamado a la acción: Intenta orar a tus ángeles y Santos favoritos con regularidad y de manera conversacional, tal como lo harías con un amigo.



