
Una de mis escenas favoritas de la Biblia es cuando María viaja a la región montañosa para visitar y quedarse con su prima Isabel después de la visita de el Angel Gabriel. Acababa de aceptar ser la madre de Dios y se entera que su anciana prima Isabel también estaba milagrosamente embarazada.
Las homilías nos enseñan a menudo la generosidad de María al querer ayudar a Isabel. Es un mensaje importante, pero siempre lo he visto de otra manera. María se encontró con un ángel, aceptó su propuesta sin entender del todo en qué consistiría y luego supo que su prima también había sido elegida para un papel especialmente similar.
Dios eligió a dos mujeres de la misma familia, dentro de la misma época, para ser colaboradoras especiales en su historia de salvación. No creo que fuera una coincidencia. Creo que María acudió a Isabel porque era la única otra persona en la tierra con quien podía hablar abiertamente sobre esta experiencia. Ambas eran mujeres fieles creyentes, y estaban embarazadas de una manera extraordinaria. Con quién más podrían hablar con tanta franqueza sobre sus emociones, alegrías, dudas y miedos?
Creo que los tres meses que estas fieles mujeres convivieron ayudándose física,emocional y espiritualmente fueron fundamentales en la preparación para la siguiente fase de sus vidas.
Todos necesitamos nuestra propia Elizabeth. Nuestras comunidades de fé están destinadas a nutrir nuestro crecimiento espiritual, a apoyarnos y aconsejarnos espiritualmente, de igual manera necesitamos mentores en otras áreas de nuestra vida.
Cuando tienes dudas, preguntas, y quieres hablar sobre tu fé,¿quién es tu Elizabeth?
Sagradas Escrituras: Esta semana, lean San Lucas 1:39-45. Que te dice?
Llamado a la Acción: Ora cada día pidiéndole a Dios que te guíe hacia tu Elizabeth. Si ya cuentas con una, habla con ella o él regularmente. Si no, quizás debes empezar a conocer gente en la iglesia para encontrar a la persona con quien puedas conectar, ya sea un pariente de sangre o de espíritu.



