
Como ocurre con todas las madres, cabe resaltar que el recuerdo que María guarda del nacimiento de su hijo debe ser uno de los más preciados para ella. Han transcurrido 2026 años terrenales desde entonces, pero es posible que le parezca que apenas ayer. Aquellos momentos íntimos y serenos en la cueva sosteniendo a su hijo recién nacido, viéndolo dormir, contándole los deditos de los pies, adaptándose a su nueva condición de madre. ¿Te resulta familiar?
Estoy segura de que existen muchísimos momentos entrañables de ella que nunca quedaron registrados: la primera vez que Jesús se dió la vuelta, gateó o dió sus primeros pasos. La primera vez que Él la llamó “Eema” (Mamá), cuando perdió su primer diente o memorizó su primera Oración. Todas las madres atesoran estos recuerdos.
María sufrió pequeñas penas cuando Jesús se raspó la rodilla y fue incomprendido por sus compañeros de clases. Penas mayores cuando Él la dejó para iniciar su ministerio y fué amenazado por los habitantes del pueblo en su sinagoga. Luego experimentó las más grandes penas cuando su destino lo llevó en una dirección que ella no entendía y que tampoco podía controlar.
Al reflexionar sobre la vida de María nos ayuda a humanizar a nuestra Madre Santísima, a recordar que ante todo fue una mujer: una madre terrenal que experimentó los sentimientos, las emociones y las vivencias propias de las madres de hoy en día. Una mujer que no conocía todas las respuestas ni conocía el futuro, sino que creció en conocimiento y comprensión con cada día, tal como lo hacemos nosotras. Ella nos comprende y comparte nuestros temores, alegrías, pesares, y los triunfos que guardamos en nuestros corazones.
Nos identificamos con María cuando compartimos con ella tanto nuestras penas como nuestras alegrías. De igual manera como Madres podríamos por error centrarnos en las diferencias; cuando en realidad existe más similitud que diferencias entre nosotras.
María, la primera discípula de Jesús, ya pasó por todo ello y puede mostrarnos el camino; y al seguir su camino seguimos el camino de su Hijo.
Sagradas Escrituras: Leer Lucas 2:51. Imagina algunos recuerdos que María pudo haber guardado en su corazón.
Llamado a la Acción: Haz una lista de todas las cosas que tienes en común con nuestra Madre Celestial.




