
Durante las últimas semanas hemos oído hablar mucho sobre la Sagrada Familia, y del mensaje principal de que debemos tomarlos como modelo para nuestras familias. Esto podría parecer algo inalcanzable, pero en un fragmento de una homilía que escuché la semana pasada me dió una nueva perspectiva sobre cómo nuestras familias, que por lo general no son tan santas , también pueden ayudarnos a crecer en santidad.
Los santos nos dan una pequeña pauta sobre esta fórmula, al leer sus historias , descubrimos que lucharon contra los mismos pecados que nosotros. Los santos no nacieron santos; desarrollaron su santidad con el tiempo. Sus familias y experiencias de vida moldearon su carácter, purificándose y pudiéndose para alcanzar un hermoso brillo de santidad.
Ningún ser humano, a excepción de nuestra Santísima Madre, ha nacido santo. Nuestra naturaleza pecaminosa nos inclina al egoísmo y a todos los demás defectos de la humanidad. Por lo tanto, es en el seno de nuestras familias donde aprendemos a ser amables y compasivos, pacientes y tolerantes, ambiciosos e ingeniosos, y a desarrollar un sinfín de otras cualidades admirables.
Las lecciones y oportunidades comienzan en la infancia cuando aprendemos a desenvolvernos dentro del núcleo familiar con las rutinas del hogar con nuestros padres, hermanos y otros parientes. El aprendizaje continúa cuando nos casamos y aprendemos a negociar y aceptar las diferencias de nuestras parejas y sus familias. Si tenemos hijos, no solo les enseñamos, sino que también podemos aprender de ellos como ser mejores personas. Cuando nuestros hijos se casan, comenzamos una nueva etapa de aprendizaje en nuestras relaciones con sus cónyuges y sus familias. Y esto no termina aquí. Suponiendo que sobrevivimos a todos nuestros familiares y terminemos nuestros días en una residencia de ancianos, los demás residentes y el personal que nos cuide será la familia que seguirá ayudándonos a ser mejores personas.
Curiosamente, puede que no sea nuestra abuela favorita quien nos enseñe las lecciones más importantes. Las relaciones difíciles que requieren más esfuerzo puede que sean las que nos pulen, permitiéndonos brillar con mayor intensidad , y de esta manera, acercarnos un poco hacia la santidad.
Lectura Bíblica: Esta semana, leer Hebreos 10:24-25. Que sobresale en este pasaje?
Llamado a la acción: Quienes son las personas en su familia que han sacado lo mejor de Uds.? NO hay que subestimar la influencia de los familiares más dificiles y exigentes.



