
Una de las cosas que más valoro al asistir a grandes conferencias católicas, como “Amazing Parish”, es ver a cientos o miles de católicos adorando al unísono y recitando oraciones en conjunto. El recinto resuena con la fuerza de las palabras: no solo por el sonido y el significado de las sílabas y las frases, sino por la potencia del aliento y la cadencia que generan la sensación compartida de que nuestra fe es mucho más grande que nuestras propias creencias y lo que habita en nuestros corazones. Se nos recuerda así que poseemos una fe formada en la comunidad y que dependemos de ella.
El domingo siguiente a nuestro regreso de Houston, cuando nuestra congregación se puso de pie tras la homilía, sentí esa misma sensación. Todos comenzamos diciendo: “Creo en Dios Padre, todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra….” Los cientos que estábamos allí expresamos ese mismo compromiso unificado con nuestra fe y los unos con los otros. Puede que todos digamos “ Creo, pero hombro con hombro, nuestros “yo” se transforma en “nosotros” y Dios bendice nuestra fidelidad como comunidad. Por supuesto es importante orar y meditar también en soledad, pero Jesús no diseñó una Iglesia para individuos; Él creó una en la que sus miembros se reunían con regularidad y se apoyaban mutuamente hasta el fin de los tiempos.
También he notado cuántas personas son capaces de acompañar con la oración las plegarias en latín a como se intercalan en la liturgia actual, así como el *O Salutaris* y el *Tantun Ergo* durante la Bendición con el Santísimo. Muchos de nosotros no aprendimos latín en la escuela, pero el contacto con él en nuestras celebraciones nos enseña a unir nuestras voces no solo con nuestros hermanos de hoy en Brewster y Patterson, sino también con dos mil años de católicos que, unidos han rezado por sus hermanos por todo el mundo.
Como comunidad de fe católica en las parroquias de St. Lawrence y Sacred Heart, proclamemos con valentía nuestras oraciones comunes durante la Misa, en lugar de recitarlas en voz baja o en nuestro pensamiento. Animémonos mutuamente para que no solo escuchemos las palabras llenas de fe de nuestros compañeros feligreses, sino que también las sintamos al resonar en el suelo y en las paredes, llegando hasta nuestros corazones.
Sagradas Escrituras: Leer Hechos 4;31. ¿Qué llama tu atención?
Llamado a la acción: Oremos en voz alta y clara para que, más allá de las paredes de nuestra Iglesia, los vecinos que estén cuidando su jardín o paseando su perro sepan que somos una comunidad de personas unidas en oración.



